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La excelencia personal es la consecuencia de unas actitudes, unos hábitos de conducta que se nutren en unos principios de servicio, de atención a nuestro trabajo que se hace así con mimo, con cuidado. Hacer el trabajo que nos gusta –e incluso el que no nos gusta- con perfección y esmero, dando lo mejor de nosotros mismos para nuestro propio crecimiento, puede ser una gratificación personal y para los clientes un regalo no siempre habitual en las empresas, los comercios, las instituciones.
Cerca de casa hay un supermercado de barrio pequeño. En poco espacio se sitúan cantidad de artículos diversos de limpieza, alimentación, bien ordenados, pero demandando a gritos mas estanterías, más hueco para ubicarse, para no molestarse entre ellos.
Al frente del supermercado está el matrimonio Antonio y Conchita. Entre ellos se reparten las tareas de atender a la frutería, los embutidos, colocar los artículos, atender al público, cobrar en caja… ¡Hay tanto que hacer!, porque el espacio limitado provoca que, a poco que no se tenga cuidado, se desorganicen las galletas, las cajas de detergente, las botellas de bebidas. Las zonas están bien delimitadas, pero está todo tan apretado que a veces me cuesta encontrar lo que quiero. Pero pregunto y, con mucha frecuencia se me acercan para tomar de la estantería lo que preciso.
El espacio de la caja es sumamente reducido, de tal manera que cuando van tecleando en la máquina registradora los precios (no hay lector óptico), es preciso ir colocando de forma adecuada los artículos en las bolsas, para optimizar el espacio, para que los tomates, melocotones o huevos no sean aplastados en el fondo por botellas de detergente o de cerveza.
A pesar de las dificultades de espacio, este supermercado de barrio me parece un ejemplo de excelencia personal. Ahora os comparto porqué.
Antonio y Conchita siempre me reciben con una sincera sonrisa, mirada de apertura y acogida, semblante agradable del que hace su trabajo con amor y atención. Una palabra de buenos días o buenas tardes, una mirada directa a mis ojos, un talante abierto y receptivo.
Habitualmente la fruta y verdura está en cajas muy bien ordenadas, a la vista y accesibles para que el cliente tome aquellas que más les gustan. Son productos de calidad que no tienen que envidiarle nada a los de grandes –y caras- superficies como El Corte Ingles, Carrefour o Mercadona.
Una vez había tomado yo unos tomates de una caja –la primera que vi- llevada por la prisa y el impulso de terminar rápido con la compra. Antonio se dio cuenta de que había ignorado otra caja con tomates mucho más llenos, sabrosos, de mejor calidad, y sabiendo que aprecio las buenas verduras y hortalizas, me lo hizo saber y él mismo vació la primera bolsa y cogió otra con tomates rojos y duros, con olor que recuerda a la huerta y a la tierra, a la naturaleza.
Pequeñas técnicas de fidelización las aplican con la sencillez de quien domina el arte de la venta: promociones con rebajas en los artículos, los famosos 2 x 1, una pequeña peña para la lotería Primitiva….
Cuando hablo de excelencia personal en mis círculos de trabajo, en mis actividades empresariales como Coach Personal y Ejecutivo, suele haber un asombro, una duda respecto a cómo lograrla, como si fuera un título nobiliario que solo alcanza a unos pocos privilegiados de la alta sociedad o de los círculos empresariales más distinguidos.
La excelencia personal es la consecuencia de unas actitudes, unos hábitos de conducta que se nutren de unos principios de servicio, de atención a nuestro trabajo que se hace así con mimo, con cuidado. Hacer el trabajo que nos gusta –e incluso el que no nos gusta- con perfección y esmero, dando lo mejor de nosotros mismos para nuestro propio crecimiento, para los otros, puede ser una gratificación personal en sí sola y para los otros, los “clientes” un regalo no siempre habitual en las empresas, los comercios, las instituciones.
Antonio y Conchita no saben que me han inspirado estas reflexiones. La excelencia personal está ahí, cerca de nosotros, solo nos hace falta mirar, ver, valorar las actitudes de un trabajo hecho con eficacia y amor.
Rosa Estañ
Publicado en el periódico Ideal el 16 agosto de 2007
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